Ayer por la tarde, mientras descansaba después de tomar una pastilla para la gripe (la segunda que me dá este mes), el colegio que está al costado de mi casa preparaba la ceremonia de graduación de la promoción de secundaria. No pude evitar pensar en la mía, y en la fiesta de promoción, y en todo lo que viví ese mes de Diciembre del 2006.
Fue un mes intenso. Recuerdo que las primeras semanas estuve ilusionado, por un lado, y confundido, por el otro. Hice algo que, si bien dió confort al corazón, no duró mucho y terminó por arruinar una amistad. Vuelvo a esa noche de viernes en la que fuimos dos que pasaron de ser simplemente amigos a ser algo así como amantes.
Luego, estaba ella y su vestido color lila – morado compartiendo conmigo una noche de fiesta. Esa noche, las dos estaban en el mismo salón, pero priorizé a mi compañera con la orquídea. No pude evitar tener un momento feeling con quien me dió su cariño, y a quien pagué mal.
Bailamos “Te mando flores”, y aunque no lo hiciera muy bien que digamos, me dijo algo profundo. Te voy a extrañar. ¿La llegaría a extrañar durante mis tres meses de estadía en Los Angeles?
En efecto, lo hice. Llegue a ir a un Starbucks una tarde en búsqueda de tranquilidad. Agarré unas hojas bond, un sobre, una nota en la que apunté su dirección postal y procedí a expresarme. Línea a línea, parráfo a párrafo, quería intentarlo. Al final, no pude.
También recordé la ceremonia de graduación en el colegio. Me ubicaron, para desgracia de mi nostalgia, al costado de la primera. Nos saludamos escuetamente y, durante la ceremonia, cantamos juntos “Rumbos” de Hoja de Parra y “Hoy” de Bonka – esta última a medias, casi nadie se sabía la letra. Tiramos los birretes por doquier y luego recibimos un regalo de los papás de Danitza, quien partió prematuramente con el Padre.
Luego de la ceremonia, algunos fuimos a comer a una pollería en La Molina. Padres en una mesa, graduados en otra. Y allí estábamos, quien me dió su cariño, a mi lado, y la primera, al otro extremo de la mesa.
Y de pronto, la pregunta: ¿Ustedes están, no?
Los dos lo negamos al unísono, tomados de la mano bajo la mesa.





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