Confieso que esta carta (que pretendo sea la primera de varias) la escribí en una noche atribulada. Por ello, no pretendo que su redacción sea la mejor de todas. Antes bien, está guiada por el impulso, los sentimientos encontrados, el corazón.
Querido hijo,
Al igual que yo, tendrás 21 años. Tendrás en tu haber alegrías, logros, satisfacciones, asi como tristezas, frustraciones y decepciones. No te diré que los he tenido todos, pero te hablaré de tú a tú, como me gustaría que alguien me hablase ahora mismo.
Sonará trillado el decir que “la vida es así” y que “no queda de otra” más que aceptarla.
Sí queda de otra. Sí hay algo que puedes hacer: no rendirte. Nunca rendirte. Por más terrible que sea la tormenta, por más herido que estés, por más golpeado, por más decepcionado del resto, no te rindas. Haz un poco como yo. Sigue adelante agradecido con Dios por lo que tienes, sea poco, sea mucho. Procura ser auténtico, decirle a la gente lo que piensas sin temor. Cuando veas que todo está en tu contra es cuando debes ser más fuerte.
No quiero que pases por la vida como uno más que se lamente de sus desdichas. Convierte esos problemas en oportunidades. Mira hacia otro lado, otro rumbo. Ten en cuenta que cada paso que des puede significar… implica un riesgo de caerte. No temas hacerlo. Preferiría que te caigas a que nunca hubieses dado ese paso.
Me he sacado la mierda muchas veces, hijo, y por eso te puedo decir que no tienes porqué vivir evitando ello. Evita quedarte con las ganas, evita quedarte con el ¿qué hubiese pasado si…? No, no lo hagas.
Quiero que seas un hombre grande, y eso solo lo harás equivocándote – mientras estoy a tu lado, apoyándote. De eso se trata la vida, y más a los 21 años.
Te quiere,
Tu papá.
La canción de este post | “Life on Mars” de David Bowie



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