El huracán llevó tu nombre

Escribo y comienzo esta entrada con la tranquilidad que me dá el estar convencido de que he dejado algunas cosas en los 19 años, ahora que acabo de cumplir 20.

Ella era la Sofía en mi propia versión de “El huracán lleva tu nombre”. Claro, con algunas salvedades, pero, en lo básico, es idéntica. Joven, suelta, preciosa.

Y yo era, con grandes salvedades, como Gabriel en esa misma historia. No sabía – y podría decir que no sé – como comportarme con esa chica tan hermosa que estaba a mi lado, en noches miraflorinas. Temeroso de decir la frase incorrecta, o que me pusiera en jaque.

Pero, ¿a quién trato de engañar?. Ya estuve en una situación débil ante ella una vez, lugar oscuro, luces blancas, música de los 80′s.  Leí el bloc de notas que iba llenando mañana, tarde y noche pensandola, pensándome, pensándonos.

Para continuar con el idioma literario, digamos que su crítica para con mis manuscritos no fue del todo favorable. No tan favorable como esperaba.

Luego de la lapidaria crítica, deseché toda posibilidad de continuar la historia. No pude con mi genio, y a los pocos días volví a tomar lápiz y papel, y a retomar el cuento donde me quedé.

Le ocultaba a todos el proyecto que traía entre manos – o mejor dicho, que llevaba aquí dentro, en mi pecho. Se lo oculté a alguien que, en un comienzo, creyó en mí. Lástima que la confianza se fue tan rápido como vino – por parte de ella, claro, porque cuando se trata de asuntos como estos, me dedico al cien por ciento. Pero esa es otra historia – desechada, por cierto.

Y se lo mostré de nuevo. Era de noche, nuevamente, pero estábamos rodeados de Olivos, con frío en una ventosa noche de febrero.

Por tu bien, y por el mío, deja de escribir esa historia.

Fue la segunda vez que me lo decían. Tuve que irme de esta ciudad para darle el punto final, sentado en las escaleras de uno de los puntos más mágicos que he visitado en mi vida, con un viento frío partiéndome la cara, sonriendo con algunas moléculas de H2O de fabricación ocular que recorrían mis mejillas.

Después de hacerme el firme propósito de no volver a revisar esas hojas de papel bulky, no pude resistir la tentación. Desdoblé algunas, acompañado de música acorde a la ocasión.

Hasta que un incendio arrasó con esa y otras ficciones más, además de memorias de lugares y encuentros. Culpo a la colilla del cigarro que prendiera como cierre de una noche melancólica.

Y ese fue el abrupto final de esa historia. Mi historia. Nuestra historia, Sofía.

Ahora viene el invierno y toca arropar la piel un poco más que de costumbre. Yo arroparé lo que llevo dentro, porque ya estuvo expuesto mucho tiempo, y porque no hay nadie, aún, que haga ese trabajo por mí.

Las canciones de este post | “This is the Last Time” de Keane, y “Must Get Out” de Maroon 5

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21 años. Futuro Economista que trabajará por un Perú mejor. Fanático de Juan Luis Guerra, los libros ambientados en los 80's y la música de esa década. Creo preciso pensar positivo, dar lo mejor, y comprometerse con las metas. Además, levantarse después de cada caída. Quiero regresar a Los Ángeles y a Cusco pronto.

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