La apendicitis de Adrián

Mommy, my tummy hurts... auch!
Mommy, my tummy hurts… auch! and i’m not smiling!

Y, en el momento menos indicado, me dió apendicitis.

Todo comenzó un domingo por la tarde, me alistaba para ir a la casa de Ale a ayudarla en estadística cuando, de pronto, comienzo a sentir dolores estomacales – cólicos, para ser más exactos. Llegué donde Ale, los cólicos fueron menores, hasta que empeoraron de regreso a casa. Pasé por una farmacia, pedí un par de pastillas que, según la señorita que me atendió, me aliviaría el dolor rapidamente. No fue así.
La madrugada del domingo para lunes fue lo peor: cólicos toda la noche, punzadas en el abdomen e insomnio. La mañana siguiente fue un poco más tranquila, pero la pérdida de apetito y el malestar general ya eran síntomas de lo que venía. El giro radical se dió por la tarde, cuando hice lo que las bulímicas hacen.

Horrible, muy horrible.

Me llevaron de emergencia a la Clínica San Pablo a eso de las 6pm. El emergencista me diagnosticó, y dijo que todo era un “estreñimiento crónico”, nada más. Ningún toque en el abdomen ni mucho menos, luego sabría que ese pequeño acto hubiera hecho una gran diferencia entre la apendicitis simple y la peritonitis que complicaría las cosas.

En fin, me tuvieron en su sala de emergencia por cerca de 5 horas, sin mejoría notoria. Creo que los peores dolores los tuve en la camilla de emergencias, los retorcijones fueron graves y mis gritos evidenciaban la gravedad de mi situación. La atención, debo decirlo, fue deficiente. Las enfermeras no se daban abasto para atender una sala de emergencias grande, y los doctores sólo fueron 2: uno trabajaba y el otro hacía vida social. Otra cosa: mejor ni reclamarles por la atención, respondían de una manera poco cortés y delicada, como lo demanda la situación.

Cerca de las 11pm salí de allí, con un algodón en el brazo producto de la muestra para un análisis de sangre que me tomaron recién cuando dije que me iría y con un jarabe para el malestar estomacal, y me llevaron a casa.

La noche del lunes para martes estuvo un poco tranquila, salvo los cólicos y las fiebres constantes. Los paños húmedos fríos que me ponía madre en la frende y abdomen aliviaban el infierno. Tenía mucha sed, y quería que esto pasara pronto. El dolor se hacía insoportable, y seguía sin entender porqué – o al menos tenía una vaga idea, errónea pero vaga.

El martes por la mañana y tarde estuve casi en un estado fuera de la realidad, supongo que debe haber sido por la fiebre. Los dolores continuaban y las soluciones para ellos no eran del todo eficaces, todo lo contrario. No comí nada esa tarde, y sólo viví de agua. Vino la noche y me puse peor, débil y cansado. Me llevaron a un hospital de EsSalud (seguro social) y en emergencias la situación era caótica – yo ya lo suponía, pero en fin…
Tan rápido como entramos a este hospital, salimos, y fuimos a la Clínica Montefiori. Allí un doctor bien amable me atendió y diagnosticó lo que nos temíamos: apendicitis. “Tiene que entrar a sala de operaciones tan pronto como sea posible

Para esto, estuvimos en contacto permanente con mi tía Keily, que trabaja en la Maisón de Santé de Surco y nos aconsejó ir a ésta última para descartar un error – algo que no queríamos que suceda, no nuevamente, después de la experiencia de San Pablo. Y fuimos para allá.

Llegué a la Maison y me atendieron rápido, vino una emergencista y respaldó el diagnóstico anterior. Luego me derivaron a sala de observación y me tomaron sangre para los análisis, además de colocarme la vía intravenosa para recibir suero. El doctor que sería el encargado de la operación se acercó a mi cama, y me dijo cómo sería la intervención. Laparascopía, tomaría entre 15 a 20 minutos, pero podría ser más dada la gravedad del caso: tenía, además, peritonitis.

Me prepararon, pasé por ecografía y rayos X, y dieron rápidamente las 4am. Tiempo de entrar a sala, y quedar dormido rápidamente, para levantarme en sala de recuperación a las 7am. con mi escapulario de la Virgen del Carmen amarrado a mi muñeca derecha, nunca falla la mamita! Luego, me derivaron a un cuarto con una vista al Parque de la Amistad muy bonita. Descansé, y pasé la voz a los amigos, para que me dieran ánimo.

Así pasaron seis días de mi vida, internado, caminando poco a poco, reflexionando, recibiendo visitas de amigos y familiares, además de mensajes de apoyo, como los que recibí por Twittermuchas gracias a todos por ello!

Mientras estuve en cama pensé “¿Qué he hecho para poder estar en una situación así?”, ya estaba mejor, pero me lamentaba de haber llegado a este extremo, tan rápido… Felizmente, y gracias a Dios, todo salió bien, como lo dijo el doctor al visitarme la noche del miércoles. “El procedimiento ha sido complicado, me tomó 2 horas y media, pero tu juventud te ha ayudado y estarás recuperándote pronto” Qué bueno.

Todos los que venían al cuarto hablaban, en algún momento, de comida. Y yo me hacía la idea de comer un heladito, un lomito saltado, u otra cosa rica… mientras me alimentaban con suero. Recién comí algo el día viernes, dieta líquida. El domingo fue diferente, ya era comida “de verdad”, y recibí un rico desayuno. El lunes por la mañana me dieron de alta.

Y sí, la recuperación ha sido progresiva, sostenida, con algunos bajones de fiebre y dolor por ahí, pero buena. Ahora escribo en un estado muchísmo mejor, a dos semanas de haber pasado por todo esto. Aprendí la lección y estoy reparando mis hábitos para poder prevenir los problemas que han llevado a mi intestino a querer deshacerse de la apéndice.

Ya soy uno más del club “No tenemos apéndice”, la cuota de membresía es dura pero luego gozas de ¿beneficios?… no lo sé. Lo que sé es que he pasado por toda esta tempestad con ayuda de mi familia, que siempre estuvo ahí, mis leales amigos, y Dios, su Madre María, y los ángeles que me cuidan. A ellos mis sinceras gracias por enseñarme a valorar lo realmente importante, y no volverá a ocurrir, lo prometo.

Cambio y fuera.

Pd. Por la apendicitis, me perdí el concierto de Juan Luis Guerra – sí, ese que estuve esperando mucho tiempo. Pero bueno, la gente me ha hecho recordar que es mi salud lo que realmente importa, y no si fui o no al concierto. Para otra vez será, Juan Luis. Cantaré como nunca pronto.

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4 Respuestas a “La apendicitis de Adrián”


  1. 1 Araiz 25 enero, 2010 a las 2:52 am

    Hola Adrián! Me acaban de operar de apendicitis hace 18 días y me gustó leer tu crónica, aunque mi experiencia fue muy diferente, lo que te quiero decir es que estoy segura de que entrar al “Club sin apéndice” si te puede dar beneficios enormes: Yo me siento una persona muy saludable, deportista, etc, pero esos días en el hospital, igual que a tí, me pusieron a hacer conciencia sobre la manera en que estaba cuidando mi cuerpo y definitivamente mis hábitos después de la cirugía son otros, fue una pequeña lección de lo importante que es cuidar de uno mismo y la cicatriz quedará ahí para recordárnoslo, no crees?
    Bueno pues te deseo una muy buena recuperación y una vida larga y sana. Saludos :)

  2. 2 Giorz 14 octubre, 2009 a las 4:34 am

    correcccion ya vi que esta entrada es de setiembre, pense que fue de octubre jaja entonces espero que ya estes muy bien. Postea más seguido! 8 o 7 posts al año son muy poco =)

  3. 3 Giorz 14 octubre, 2009 a las 4:31 am

    No seas malo pe pastrulo las clínicas San Pablo y Montefiori son pésimas en atención, justo las dos únicas en todo Lima que se que no debo ir..xD Yo soy Clínica Javier Prado corazón!! Ojala y termines de recuperarte y estar al 100% pronto.

    Saludos,

    Giorz.


  1. 1 Cosas de este tiempo « Visión+/- Trackback en 9 septiembre, 2010 a las 8:01 pm

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21 años. Futuro Economista que trabajará por un Perú mejor. Fanático de Juan Luis Guerra, los libros ambientados en los 80's y la música de esa década. Creo preciso pensar positivo, dar lo mejor, y comprometerse con las metas. Además, levantarse después de cada caída. Quiero regresar a Los Ángeles y a Cusco pronto.

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