Estoy acá, en un café, con dos muy buenos amigos, y tengo una idea en mente: escribir. Escribir y expresar lo que pienso. Hace un rato largo no lo hago, y creo que tener una netbook cerca puede ayudarme a satisfacer esa necesidad.
Estos ultimos dias, por ejemplo, he pensando en lo rico que se sentiría no hacer nada. Simplemente vagar o sonsear, como los skaters de Santa Monica lo hacen en “Lords of Dogtown“. Qué chévere sería no hacer nada, estar tranquilo, dormir más, no tener obligaciones… pero ¿qué gano? Como economista que pretendo ser, no puedo evitar el hacerme esta pregunta.
He pensado, por ejemplo, en dejar un ciclo la universidad. No sé si esa idea fugaz sea producto de ese trajin diario que me lleva y me trae. No lo sé, sólo sé que se me vienen días muy fregados y una idea así relaja y me transporta a otro mundo, un cuarto desordenado, tirado en un sofá pensando en la nada y cantando una ligera canción.
Pero el dejar las cosas pendientes también sería un gran problema – cuando las responsabilidades son grandes, los problemas que éstas traen también lo son.
A veces quisiera tener un poder: el de transportarme a donde quiera, al instante, y revivir momentos mágicos – una noche estrellada en Northridge, una tarde gélida en una parada de autobus de Van Nuys, un atardecer en Costa Rica, una lluvia como la de la selva de mi país, situaciones así. Y poder hacerlo, una y otra vez.
Creo que la imaginación, y los recuerdos, me ayudan un poco en el objetivo – felizmente. Aunque tengo la promesa pendiente de regresar y pasar más noches, tardes, lluvias así… las que quiero y necesito.
Esta tarde, soy sólo yo ordenando las ideas. Falta que ordene el corazón.

![Reblog this post [with Zemanta]](http://img.zemanta.com/reblog_e.png?x-id=6f39add3-1723-4bdc-9c67-3ec94161d1ac)


Comentarios Recientes