Carta a mi Hijo

Verano del 2007.

Confieso que esta carta (que pretendo sea la primera de varias) la escribí en una noche atribulada. Por ello, no pretendo que su redacción sea la mejor de todas. Antes bien, está guiada por el impulso, los sentimientos encontrados, el corazón.

Querido hijo,

Al igual que yo, tendrás 21 años. Tendrás en tu haber alegrías, logros, satisfacciones, asi como tristezas, frustraciones y decepciones. No te diré que los he tenido todos, pero te hablaré de tú a tú, como me gustaría que alguien me hablase ahora mismo.

Sonará trillado el decir que “la vida es así” y que “no queda de otra” más que aceptarla.

Sí queda de otra. Sí hay algo que puedes hacer: no rendirte. Nunca rendirte. Por más terrible que sea la tormenta, por más herido que estés, por más golpeado, por más decepcionado del resto, no te rindas. Haz un poco como yo. Sigue adelante agradecido con Dios por lo que tienes, sea poco, sea mucho. Procura ser auténtico, decirle a la gente lo que piensas sin temor. Cuando veas que todo está en tu contra es cuando debes ser más fuerte.

No quiero que pases por la vida como uno más que se lamente de sus desdichas. Convierte esos problemas en oportunidades. Mira hacia otro lado, otro rumbo. Ten en cuenta que cada paso que des puede significar… implica un riesgo de caerte. No temas hacerlo. Preferiría que te caigas a que nunca hubieses dado ese paso.

Me he sacado la mierda muchas veces, hijo, y por eso te puedo decir que no tienes porqué vivir evitando ello. Evita quedarte con las ganas, evita quedarte con el ¿qué hubiese pasado si…? No, no lo hagas.

Quiero que seas un hombre grande, y eso solo lo harás equivocándote – mientras estoy a tu lado, apoyándote. De eso se trata la vida, y más a los 21 años.

Te quiere,
Tu papá.

 

La canción de este post | “Life on Mars” de David Bowie

Amy, Amy, Amy…

Amy en una sesión para Harper's Bazaar

Para serte sincero, no recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché tu voz. Esa voz que me ha emocionado tanto.

Creo que fue con Rehab. Me intrigó tanto tu estilo que terminé buscando tu elepé Back to Black, lo descargué, y se volvió uno de mis favoritos.

Just Friends, un himno durante el verano del 2010, canción con la que acompañaba conversaciones y recordaba a la Sofía de mi huracán.

When will we get
the time to be

just friends…

 

He can only hold her y Valerie, de algún modo, me hicieron las mañanas camino a la universidad. Tararéandolas o cantándolas en el bus, iba a las clases de matemática y contabilidad.

Por las noches, tirado en mi cama sufriendo (uy, qué novedad) por el amor, acompañaba mi filosofía sobre la vida y el ¿porqué me tiene que pasar esto a mí? con Love is a losing game, There’s no greater love, Will you still love me tomorrow y Best Friend. Hacías la pena un poquito más llevadera, y el invierno un poco menos frío.

El último sábado me levanté, revisé mi cuenta de Twitter, y me topé con la tristísima noticia de tu partida. Esperaba que hicieses caso a los doctores, quienes te advirtieron a inicios de año de que, si no dejabas la vida demasiado libertina, dejarías pronto este mundo. Esperaba que pudieses sorprenderme con un nuevo disco, tu tercer disco, y que continuaras en esa carrera y ese negocio en el que cualquier infeliz ahora destaca pero en el que te diferenciaste con pasión y alma, a pesar de que te destruías por dentro.

He leído mucho sobre tu partida, algunos creen que no se debería sentir pena por tí, que tú buscaste este final. Yo pienso que, muy a pesar de que tus vicios te pasaron una muy alta factura y que no representa un ejemplo, se te debe entender en el contexto. Me da pena que no pudiste encontrar esa paz que tu alma pedía a gritos. Me conmueve ver como nos dejaste tan pronto, sin decir adiós.

No falta quien se sube al coche en esta coyuntura. Felizmente puedo decir que sí soy un verdadero fan de tu música y de tus lágrimas al enterarte de tus cinco Premios Grammy en el 2008, de tus saltitos en el escenario, de tu estilo.

Hasta pronto Amy, gracias por la música y por ser tú.

 

Pd. Hace tiempo te debo una noche de tragos acompañado de tus canciones. Saldaré la deuda pronto.

La inconstancia de nuestra unión (I)

Like Whispers in the Fog

Imagen de Pensiero via Flickr

Tania se encontró con Carlos como cada tarde de jueves, en la misma banca del gran parque del condominio. Corría el mes de Octubre, y la neblina los envolvía como lo hacen las ramas de un árbol al nido de los pájaros. Además de ella, también garúaba – un poquito, por ratos.

Carlos inició con un ¿cómo estás? - como siempre. Según él, eso denotaba su interés en la vida de Tania.
Pero, ¿qué hacía Tanía con su vida?

Luego de haber andado por 3 carreras – en estricto orden: Administración, Publicidad y Psicología – ahora estaba en su mundo, las artes plásticas. “El arte me mantiene viva en medio de este infierno” suele decir cuando le cuestionan el seguir una carrera tan venida a menos económicamente en esta sociedad. Dichos cuestionamientos son más frecuentes e incisivos cuando son hechos por su propia familia. Pero ella estaba curtida, se zurraba en ellos.

Y es que Tania no la ha pasado fácil desde pequeña. Cuando tenía cuatro años, su padre sufrió un accidente automovilístico en el Circuito de Playas, y se encuentra en estado vegetativo desde entonces. Ella lo adora. Adoraba jugar con él a la pelota todas las tardes de domingo luego de almorzar pastas donde la abuela. Adoraba que le contara cuentos cuando no podía dormir asustada por los apagones y coches bombas que se sucedieron uno tras otro en aquel oscuro 1987.  Adoraba soplar sus cabellos de ángel y despeinarlo cuando estaba sentado en el escritorio avanzando cosas de la chamba.

En el interín de tan difícil situación, la mamá de Tania perdió los papeles. Se hartó de, según ella, ser la esclava de esta casa. “Mientras tu te la pasas hueveando en la universidad que tanto esfuerzo nos demanda, yo estoy sacándome la mierda trabajando, cuidando la casa y cuidando de tu padre.” le dijo a esa adolescente pretendiente a ser administradora. Tania agachaba la mirada, gritaba y exclamaba ser incomprendida, y se iba corriendo de casa llorando.

Cruzaba uno, dos, tres y hasta cuatro edificios hasta llegar al de Carlos. Corría hasta el quinto piso, trataba de hacerlo sin parar, pero no podía evitar detenerse en el tercero – siempre en el tercero – a llorar aún más, amargamente. Luego de recuperar un poco de aliento, llegaba a la puerta del 510. Carlos la esperaba en la puerta, la recibía con un abrazo, y la hacía pasar.

Ya en la cocina, acompañada de una taza humeante de té Canela y Clavo, Tania le narraba a Carlos la discusión que había tenido con su madre.

“Hoy llegué a las 6 de la mañana de la fiesta de la facultad, borracha y hablando huevada y media. No sé cómo la hice, pero gracias a Dios llegué completa. La que me metí anoche…”

Carlos se acompañaba con un café y partía con la cucharita un pedazo de turrón de Doña Pepa que había comprado el día anterior.

“La comprendo a la loca esa. Además de llegar así, la volví a cagar en el ciclo. Jalé todo. Ahora sí me botan, la puta madre.”

Carlos seguía con el café, y revolvía la cucharita con un poco de miel en la taza. Suspiró y dijo:

“¿Qué está pasando por tu cabeza, ah? Te dije el fin de ciclo pasado, rájate, no gastes tu tiempo ni tus energías. Me juraste y perjuraste que ibas a cambiar, que te sacarías la mierda, pero…”

“Pero no es lo que quiero. No es lo que me nace. No me hallo acá.” interrumpió Tania,
y continuó:
“Sé que son cojudeces, pero esta es la única manera de olvidar todo el infierno que estoy viviendo. Es mi manera de escapar. Me jode y me ayuda a la vez.”

“Te está recontra jodiendo, date cuenta.” decía Carlos. “Todavía tienes 20 años, mucho por vivir, no la cagues Tani, hazlo por tu viejo.”

Esa era la fórmula mágica de Carlos para remecer las fibras más profundas de Tania, mencionarle a su viejo. Cuando lo hacía, Tania se quedaba en silencio por un momento, para quebrarse después, y volverse una niña.

“No quiero, no quiero, no quiero, no quiero cagarla de nuevo, ayúdame.” decía sollozando en el pecho de Carlos, que la abrazaba.

Luego pasaban al sofá de la sala, y se quedaban uno acariciándose al otro, mirando cómo la tarde se volvía noche y las luces allá afuera se iban prendiendo, poco a poco.

De eso, hace ya 5 años.

Esta tarde de octubre, ellos están nuevamente juntos, pero no hay vapor de té, ni de café caliente. Sólo el que sale de sus pechos, de sus corazones, antaño encendidos y hoy malheridos. Sin saber a quién querer, sin saber cómo querer.

***

Las canciones de este post | Cayman Islands de Kings of Convenience y Since I don’t have You de Guns n’ Roses

She’s the One

I was her, she was me
We were one, we were free
And if there’s somebody calling me on
She’s the one
If there’s somebody calling me on
She’s the one

We were young we were wrong
We were fine, all along
If there’s somebody calling me on
She’s the one
When you get to where you wanna go
And you know the things you wanna know
You’re smiling
When you said what you wanna say
And you know the way you wanna play
You’ll be so high you’ll be flying

Though the sea will be strong
I know we’ll carry on
‘Cos if there’s somebody calling me on
She’s the one
If there’s somebody calling me on
She’s the one

I was her, she was me
We were one, we were free
If there’s somebody calling me on
She’s the one
If there’s somebody calling me on
She’s the one

If there’s somebody calling me on
She’s the one

Aún no.

Cosas de este tiempo

Effet de nuit. Lumières floues.

Imagen via Wikipedia

Nota Este post pretende ser un recopilatorio de varias ideas sueltas (y también unidas) que han pasado por mi mente en estos días. No hay tema en específico, sólo las ganas de escribir.

  • El clima limeño de estos días me evoca muchísimos recuerdos de Los Ángeles. Puede que sea una ciudad con los mismos problemas de Lima: tráfico, delincuencia y polución – y quizás por ello me parece muy familiar -, pero, a pesar de ello, yo creo que es la ciudad de los sueños. Sí, es una de las pocas ciudades del extranjero que he visitado, pero he visto tanto y tanto se me ha quedado en mi retina: el atardecer en el Observatorio, la buena comida, las noches divertidas, las tardes en el Getty Center, los bosques, etc.
  • Estoy teniendo demasiados deja-vús, todos en el mismo lugar: el escritorio de mi cuarto, mientras estudio.
  • Me estoy aburriendo de las mismas canciones en el iPod. Me encanta Juan Luis Guerra y más, pero creo necesario tomarme un buen tiempo para organizar la biblioteca, refrescarme con nuevos tonos y melodías.
  • Además, es necesaria y vital una lista de canciones para las mañanas de los Lunes, Martes, Jueves y Viernes – viajar en bus a las 7 de la mañana camino a la universidad, con boleros de Radio Panamericana de fondo, puede hacer que te quedes dormido, o que el ánimo se te caiga del todo. O las dos cosas.
  • Extraño los tiempos de hace un año – bueno, no tanto. Recién salía de una dolorosa operación a la apéndice, de la cual me recuperé totalmente después de 3 semanas y media de realizada, y no estaba estudiando en la universidad. Me dediqué a avanzar los cursos de Inglés que tenía pendientes, en un nuevo local de IC, con gente nueva, recorriendo calles San Isidrinas entre olivos y cosas cosmopolitas. Era paja caminar cada tarde con mi amiga (aquí va el nombre, del cual no me acuerdo), una señora que residió muchos años en Francia y regresaba al país a rehacer su vida. Ella hablaba con ese pequeño y ligero dejito francés que me daba risa y me parecía muy peculiar. Una muy grata compañía en las caminatas por Camino Real y Conquistadores, hacia el Wong del Óvalo Gutiérrez, en donde ella compraba los implementos para su cena, y yo panes dulces para el lonche – y gaseosa, de vez en cuando.
  • El caso es que, en criollo, huevear aquellos días era paja porque podía demorarme en llegar a casa lo que quisiera, caminar sin preocupación por tarea alguna o la siguiente clase o por los parciales. Me reía maliciosamente cuando pensaba “Todos los de la u deben estar estresadísimos por los parciales, mientras que yo… ahhh… esto es vida, lo demás son cojudeces”

    También me aburría, claro. Pero siempre salía algo interesante entre semana y semana. Y aunque me arrepiento un poco de haber perdido tanto tiempo, la verdad es que, de no haberlo hecho, estaría hoy más cabezón de lo que por naturaleza ya soy. :)

Eso es todo por hoy.

El huracán llevó tu nombre

Escribo y comienzo esta entrada con la tranquilidad que me dá el estar convencido de que he dejado algunas cosas en los 19 años, ahora que acabo de cumplir 20.

Ella era la Sofía en mi propia versión de “El huracán lleva tu nombre”. Claro, con algunas salvedades, pero, en lo básico, es idéntica. Joven, suelta, preciosa.

Y yo era, con grandes salvedades, como Gabriel en esa misma historia. No sabía – y podría decir que no sé – como comportarme con esa chica tan hermosa que estaba a mi lado, en noches miraflorinas. Temeroso de decir la frase incorrecta, o que me pusiera en jaque.

Pero, ¿a quién trato de engañar?. Ya estuve en una situación débil ante ella una vez, lugar oscuro, luces blancas, música de los 80’s.  Leí el bloc de notas que iba llenando mañana, tarde y noche pensandola, pensándome, pensándonos.

Para continuar con el idioma literario, digamos que su crítica para con mis manuscritos no fue del todo favorable. No tan favorable como esperaba.

Luego de la lapidaria crítica, deseché toda posibilidad de continuar la historia. No pude con mi genio, y a los pocos días volví a tomar lápiz y papel, y a retomar el cuento donde me quedé.

Le ocultaba a todos el proyecto que traía entre manos – o mejor dicho, que llevaba aquí dentro, en mi pecho. Se lo oculté a alguien que, en un comienzo, creyó en mí. Lástima que la confianza se fue tan rápido como vino – por parte de ella, claro, porque cuando se trata de asuntos como estos, me dedico al cien por ciento. Pero esa es otra historia – desechada, por cierto.

Y se lo mostré de nuevo. Era de noche, nuevamente, pero estábamos rodeados de Olivos, con frío en una ventosa noche de febrero.

Por tu bien, y por el mío, deja de escribir esa historia.

Fue la segunda vez que me lo decían. Tuve que irme de esta ciudad para darle el punto final, sentado en las escaleras de uno de los puntos más mágicos que he visitado en mi vida, con un viento frío partiéndome la cara, sonriendo con algunas moléculas de H2O de fabricación ocular que recorrían mis mejillas.

Después de hacerme el firme propósito de no volver a revisar esas hojas de papel bulky, no pude resistir la tentación. Desdoblé algunas, acompañado de música acorde a la ocasión.

Hasta que un incendio arrasó con esa y otras ficciones más, además de memorias de lugares y encuentros. Culpo a la colilla del cigarro que prendiera como cierre de una noche melancólica.

Y ese fue el abrupto final de esa historia. Mi historia. Nuestra historia, Sofía.

Ahora viene el invierno y toca arropar la piel un poco más que de costumbre. Yo arroparé lo que llevo dentro, porque ya estuvo expuesto mucho tiempo, y porque no hay nadie, aún, que haga ese trabajo por mí.

Las canciones de este post | “This is the Last Time” de Keane, y “Must Get Out” de Maroon 5

Esta vez soy yo

Entrada escrita el 11 de Marzo del 2010, en Cusco.

Esta tarde/noche en Cusco tuvo un aire a reflexión.
Estuve caminando por la Plaza de Armas y el atardecer invitaba a sentarme en las escalinatas de la Catedral y simplemente pensar, reflexionar, detenerme un momento a recorrer lo que han sido estos últimos meses.

A veces es bueno, estimados y estimadas, estar solo acompañado. Yo lo estuve por frías brisas. Tuve algo así como un momento de introspectiva (¿asi se dice?), dandome cuenta de que no debo fallar como lo hice esta vez en la universidad, planeando lo que van a ser los próximos años de estudios y trabajo, y repitiendo las palabras sueño, juventud e ideal. Pienso que es bueno soñar con uno u otro proyecto. La juventud permite soñar, creer que es posible hacer todo lo que nos propongamos, defender tus ideales y convicciones. Pero, a veces, las cosas no salen como las soñaste… duele, pero pienso que es parte del crecer, y del ser más fuertes en el andar.

He decidido dar lo mejor de mí en el ciclo que viene, sacrificar algunas cosas para superarme a mi mismo (porque el esforzarse en superar al otro puede ser dañino), tener en cuenta que no debo ser egoísta con los demás, que debo ser paciente y esperar, no buscar. Estoy decidido a que, si me caigo, me levanto con más fuerza. Estoy decidido a repetirme una y otra vez que yo y lo que quiero somos más fuertes que cualquier adversidad.

Estoy decidido a esto y a más.
Y todo será realidad.


+de mí

21 años. Futuro Economista que trabajará por un Perú mejor. Fanático de Juan Luis Guerra, los libros ambientados en los 80's y la música de esa década. Creo preciso pensar positivo, dar lo mejor, y comprometerse con las metas. Además, levantarse después de cada caída. Quiero regresar a Los Ángeles y a Cusco pronto.

@adrianssp

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